Convertida en una poderosa organización económica y criminal, la mafia napolitana maneja hoy prósperos negocios en toda Italia, extiende sus redes por el mundo entero, incluida la Argentina, y crece amparada por el silencio de la clase política, afirma en esta entrevista exclusiva el italiano Roberto Saviano, autor del éxito editorial Gomorra , en el que revela cómo opera la mafia y por el cual debió entrar en la clandestinidad, amenazado de muerte
Por Elisabetta Piqué
La Nacion 06 April 2008
ROMA .- La mafia no es sólo tiros, El Padrino , los Corleone o Los Soprano . Y tampoco es solamente tráfico de drogas y armas, extorsión y prostitución. La mafia son negocios de todo tipo, que van desde el pequeño supermercado de un pueblo cualquiera hasta la fabricación, en un taller anónimo, de un vestido de Armani, muy bien hecho, pero falso.
Palabra de sentido amplio, que invariablemente remite al sur de Italia, la mafia tampoco es tan sólo un fenómeno local, como muchos buscan hacer creer, sino que se ha globalizado. Sus tentáculos llegan a todos los rincones del planeta, incluida la Argentina. De nuestro país, de hecho, "sale toda la cocaína que llega a las regiones italianas de Campania y Calabria", según afirma Roberto Saviano, autor de Gomorra , la reveladora investigación sobre la camorra -la mafia napolitana- que se ha convertido en un extraordinario fenómeno editorial a nivel mundial.
Es extraño, pero en la larga charla que Saviano mantuvo con LA NACION casi en ningún momento pronunció la palabra "mafia". Cada vez que aludió a la criminalidad organizada, mundo invisible y cáncer al que este joven periodista y escritor napolitano logró conocer y retratar como pocos antes que él, prefirió siempre hablar de "ellos".
Ojos negros, pelo rapado, barba a medio crecer, cara de malo (como él mismo admite), Saviano vive bajo protección estatal desde el 13 de octubre de 2006. Es que el éxito obtenido por Gomorra , libro en el que por primera vez quedó al desnudo, con nombres y apellidos, el increíble mundo de la camorra, le valió una condena a muerte dictada por los capos del crimen organizado de la región de Campania. Sólo en Italia Gomorra, que fue incluido por The New York Times en la lista de los 100 mejores libros de 2007, llegó a vender 1.200.000 ejemplares. Y ya fue traducido a 33 idiomas.
No fue fácil contactar a Saviano, quien tras investigar durante cinco años cómo opera la mafia se vio obligado a refugiarse en una rara clandestinidad. Nadie conoce su paradero, que cambia continuamente, y nunca contesta su celular, cuyo número sólo se obtiene una vez que se establece cierto grado de confianza, luego de intercambiar varios e-mails. Finalmente, al cabo de algunas idas y venidas y numerosos mensajes de texto, el encuentro se concreta en el centro de Roma, cerca del Parlamento. Vestido con jeans, remera, saco y zapatillas, Saviano llega con un auto blindado y tres guardaespaldas a los que llama "mis muchachos". Ya en la mesa de un bar anónimo, habla muy rápido, como en catarata, y su acento napolitano confirma de inmediato que viene del Sur, de esa parte de Italia famosa por sus bellezas naturales y artísiticas, pero también convertida en marca registrada por la "mala vita", las familias, las organizaciones criminales, los negocios sucios y las historias de una crueldad sin límite. Como aquellas que hablan de personas quemadas vivas, sin piedad alguna, o de cadáveres disueltos en ácido.
Justamente porque nació en el Sur, tierra de retrasos estructurales, pobreza y una altísima tasa de desocupación, Saviano dice que logró entender cómo la mafia ha logrado meterse, con sus tentáculos, en todo, incluso en la política. Y cómo también logró convertirse en una empresa globalizada, protegida por la indiferencia y el silencio oficial, y dotada de una flexibilidad que le permite no desaprovechar ninguna oportunidad. De hecho, aseguró Saviano, cuando estalló la crisis argentina, en 2001, todas las mafias del mundo extendieron sus redes en nuestro país, "exactamente como ocurrió cuando tuvo lugar la caída del Muro de Berlín". Al producirse el colapso económico y político, "todos fueron a la Argentina, hasta los más débiles. De los napolitanos, por ejemplo, fue el clan de los Fabrocino, que abrió ventanillas bancarias", dijo.
Pero la presencia de la mafia italiana en la Argentina, asegura el autor de Gomorra , se remonta a períodos mucho más lejanos. "Los clanes de mis pagos -dice Saviano- fueron los que le vendieron las armas a la Argentina durante la Guerra de las Malvinas. Hay una anécdota estupenda de cuando ellos estaban por enviar unos cañones, pero de repente la guerra termina, porque duró muy poco, y un camorrista, cuyos mensajes son interceptados por los servicios secretos ingleses, que desde la Argentina dice: "¿Y mó (ahora) qué cazzo hacemos con los cañones?", y desde mis pagos alguien le dice: ´Guardátelos, que otras guerras siempre hay en otras partes ".
"Cada vez que voy al exterior para mí lo más divertido es hablar de cuánto ganan mis mafias en sus países, como ocurre por ejemplo en Alemania, Inglaterra, España y todos los rincones del planeta. Se trata de carteles que hacen grandes negocios en un silencio total, porque al no provocar muertos lograron que las policías internacionales pierdan interés en ellos", dice. "En este sentido tengo que reconocer que la la ley italiana antimafia es la mejor del mundo. Claro, todavía hay mucho que hacer porque la mafia no fue derrotada, pero todos los arrestos internacionales que se hacen en el mundo, se hacen gracias a la investigación antimafia italiana. Los franceses, los argentinos, los alemanes, los mexicanos, no logran producir una policía que sepa reconocer los negocios de la mafia. Cero", agrega.
Para Saviano, de hecho, en América latina se tiene todavía una idea algo ingenua sobre un tema tan acuciante como el narcotráfico: se piensa que es Colombia el centro de la cuestión. Pero aunque Colombia es importante, por la cocaína que se produce allí, ahora pasó a un segundo plano, detrás de México, cuna de los carteles más poderosos. Tanto es así que los grandes traficantes acuerdan precios en Brasil y no en Medellín, ciudad que sin embargo es citada todavía como sinónimo de narcotráfico.
Más allá de las leyendas, hoy la ´ndrangheta -la mafia calabresa- y la camorra -la napolitana- se han expandido fuera de la península, y son más fuertes que la famosa cosa nostra siciliana. Entre las tres, de todos modos, dominan un tercio del país y logran condicionar sectores enteros de la economía legal. Justamente por esto, lo que más le indigna a Saviano es el silencio, la indiferencia que hay -y que hubo a lo largo de la actual campaña electoral- en torno al tema mafia.
Poder económico
La criminalidad organizada no es sólo tiros, El Padrino , Los Soprano , e historias de clanes y códigos de honor cercanas al folklore. La mafia, y este periodista napolitano no se cansa de repetirlo, es la mayor empresa italiana, con negocios que triplican lo que factura Fiat, la más grande automotriz del país. No por nada un informe publicado a fines del año último por la Confesercenti -la principal asociación de comerciantes de Italia-, estimó que la mafia factura unos 90.000 millones de euros por año, una cifra equivalente al 7 por ciento del PBI de este país. Cuando se conoció esta estimación, recuerda Saviano, todos los medios de prensa, tanto nacionales como internacionales, hicieron grandes títulos que decían: "La Mafia S.A. es la más grande empresa italiana". Pero todo quedó ahí.
"En Nápoles muere un promedio de dos personas por día", señala Saviano, que está convencido de que semejante cifra haría caer a cualquier otro gobierno en Europa. Pero nadie dice nada, pese a que la camorra, que en comparación con las otras mafias es más sanguinaria -porque reúne a más familias y cuenta con muchos más afiliados-, en 30 años mató a unas 4000 personas, "más que las fallecidas en la Franja de Gaza".
Lo peor es que se tiende a creer que se trata de un fenómeno local, que sólo tiene que ver con Nápoles y sus alrededores, con Palermo (Sicilia) y con la región de Calabria, pero que en verdad está igualmente difuso en toda Italia, el norte incluido. "Tratar así a la mafia es la muerte, es el fin. Y es exactamente lo que quieren ellos: que todo quede en Nápoles, en su periferia, que todo quede al margen. Ellos tienen esta absoluta necesidad de hacer pasar todo como un problema local, y así se cae en una trampa", lamenta Saviano.
La mafia no es sólo tráfico de drogas, armas, extorsión, y prostitución. Si está tan arraigada, y la gente en cierto modo está de su parte, es porque se ha involucrado en negocios "normales". "Ellos crean empresas legales, sobre todo de cemento, transportes, café, tejidos; manejan el pan, hornos, moda, supermercados, salud, hacen mediación financiera, prestan dinero a un interés siempre menor que los bancos -por eso en los juicios siempre protestan porque dicen que no fueron más usureros que los bancos-, e invierten muchísimo, por ejemplo, en títulos del Estado: compraron deuda de Polonia, de Rumania, de Bulgaria, para tener capacidad de presión también en estos países", cuenta.
"Muchas veces me preguntan qué hace una mafia en un hospital... y hace todo: cooperativas de enfermeros, de empleados de limpieza, comedor, vigilancia, median en la compra de instrumental... y a estas alturas también manejan los médicos, porque si uno controla toda esta estructura económica, también ejerce presión sobre qué médicos poner. Y muchas veces, y esto es lo terrible, ellos son garantía de que haya médicos buenos, porque mientras mejor es el médico, más gente irá a ese hospital, y más plata llegará. Si el médico es malo, no funciona. Entonces la gente está con ellos, porque si están ellos hay médicos, y si no, no", indica.
La gente está con "ellos" también porque "ellos" tienen algo así como un doble código. Hacen negocios millonarios con la droga, pero le tienen terminantemente prohibido consumirla a todos los jóvenes afiliados. "Yo crecí en un territorio donde nadie puede drogarse, porque si no los clanes te matan. Es decir, la droga está prohibida. La droga la venden en Roma, en Milán, en Cataluña, pero no existe en mi pueblo. Yo crecí en una realidad donde ni siquiera me podía fumar un porro, como hacen todos los chicos de 14 años, porque te rompían la nariz", cuenta Saviano.
Silencio cómplice
El periodista, que ahora escribe para grandes medios -como Time Magazine , Der Spiegel y El País -, apenas comenzó la campaña electoral en vistas de las elecciones de este mes fue cortejado por la gran mayoría de los partidos políticos italianos. Todos lo querían en sus listas como el nuevo símbolo de la lucha contra la mafia. Pero a todos les dijo que no, porque la política no es su trabajo.
Saviano está convencido de que no hay mucho por ganar en las próximas elecciones en Italia, básicamente porque los principales candidatos han ignorado una cuestión fundamental que se llama "organizaciones criminales".
"Estoy muy decepcionado porque esperaba que después del fracaso estratégico de Romano Prodi -cuyo gobierno cayó en Campania, tierra de camorra, por problemáticas locales vinculadas a la basura, la salud y la política, tres cosas manejadas por la camorra-, la mafia deberia haber sido el primer punto", lamenta.
A su juicio, no es fácil por ejemplo explicar que la política tiene que ver con la mafia, aunque posiblemente esta afirmación no llame tanto la atención en la Argentina. Desde hace décadas en el sur de Italia es una práctica más que común la compra venta de votos. "Te compran por nada, no es sólo un hecho de desesperación. Lo peor, y por esto critico a la izquierda, es que en realidad se vende el voto porque es considerado inútil. Así, si puedo tener un celular, las boletas de la luz pagas, seis meses de beca, cenas gratis, a cambio de votar a alguien, al menos gano algo. En comparación con la de mi padre, mi generación se vende por nada. Total como ya se sabe que no se cambia nada... Ahora por ejemplo regalan estos celulares con los cuales sacás las fotos sin hacer ruido, asi cuando uno vota le saca la foto a la papeleta, y cuando uno muestra la foto de lo que votó, te regalan el celular. Esto se usa muchísimo con los chicos que votan por primera vez, de 18 y 19 años", revela. No por nada hace unos días el Ministerio del Interior decidió directamente prohibir que la gente pueda ingresar en el cuarto oscuro con celulares que sacan fotos.
Como muchos de los expertos en mafia, Saviano cree que si hay voluntad política, y sobre todo voluntad empresarial, y se decide en serio cambiar las reglas económicas, ese cáncer en expansión que es la mafia se puede derrotar. Porque si hoy la mafia vence es porque "ellos" tienen los mejores precios, y gran competencia. "Ellos" se presentan en todas las licitaciones públicas de Italia, tienen mano de obra barata y materiales buenos, que consiguen a bajo costo. Como por ejemplo la arena para la construcción, que es carísima y que roban de las playas de Campania. Así logran ganar las licitaciones en Milán, Parma y otras ciudades. "Transgreden los obstáculos que tienen que ver con los impuestos, pero no trabajan mal. Porque en esto uno no gana apuntando la pistola. Uno puede apuntar la pistola para lograr ser el número uno del mercado, pero la licitación debe ganarse con calidad", explica Saviano. Y "ellos" lo logran.

"En la práctica, ya me mataron"

-Cómo vive ahora su vida, luego de la publicación de Gomorra ? ¿Se imaginaba el éxito de su libro y lo que eso le deparó?
-No, no me imaginaba porque mi libro en un principo tuvo una impresión de 5000 copias. Y ahora sólo en Italia estamos en una cifra absurda para Italia de 1.100.000 copias vendidas. En Alemania 300.000, en Estados Unidos 50.000, en Japón... yo nunca imaginé algo así. Y yo no vivo esta situación porque escribí este libro, éste es un malentendido. Yo vivo esta situación porque tuve éxito con este libro. Porque las organizaciones criminales no temen que alguien escriba sobre ellos, temen que alguien lea sobre ellos: es ésta la diferencia. Nunca las mafias tuvieron problemas con un libro, porque un libro es considerado una pelotudez (cazzata) que llega a cuatro pobres intelectuales de izquierda. Pero cuando se convierte en un problema de todos, entonces empiezan a estar aterrados. Por eso me sorprendió que en el exterior me consideraran el Salman Rushdie italiano... Pero Rushdie arriesgó porque escribió y basta. Pero yo no, mi peligro es el lector, no el escritor. Si yo hubiera vendido 10.000, o 20.000 copias no hubiera pasado nada.
-¿Cuántas copias se habían vendido cuando empezaron las amenazas?
-Unas 100.000. En ese punto empezó a ser un fenómeno. Fueron los carabineros los que descubrieron las amenazas, por interceptaciones telefónicas y también por arrepentidos.
-Y tu familia?
-Vive en el Norte, cambió de vida.
-Hace poco dijo en una entrevista: "Me convertí en un símbolo, pero perdí todo".
-Sí, al final perdés todo. Te convertís en un símbolo, lo cual en el fondo para un escritor no es algo, creo, positivo, porque un escritor se tiene que equivocar, hacer pavadas, en cambio yo cada vez que digo algo me llegan mensajes, incluso de italianos en el exterior. Y entonces yo siento esta responsabilidad de hablar también en nombre de tantos silencios. Pero perdés todo, porque perdés la posibilidad de moverte, de saber adónde vas mañana, de tener una casa.
-¿Alguna vez se arrepintió de haber escrito Gomorra ?
-Sí, me arrepentí muchas veces. Me arrepentí conmigo mismo. Digamos que públicamente me sale decir que lo volvería a hacer cien veces. Pero no es cierto. Es decir, lo volvería a hacer, pero el que habla es el escritor. Cuando estoy solo, en cambio, muchas veces me pregunto si valía la pena.
-¿Tiene miedo?
-No, porque en la práctica ya me mataron
. Tengo mucho que perder obviamente, pero lamentablemente en parte ya me sacaron lo que querían, me sacaron todo, la libertad. Cuando una vez volví a mi pueblo, Casal di Principe, yo me esperaba indiferencia. Pero no fue así: cuando yo pasaba, la gente bajaba las persianas, cerraba las ventanas. Y yo me quedé mal con esa reacción. Cuando volví a entrar en mi auto blindado, siempre con mis tres muchachos, ellos en dialecto tradujeron perfectamente la situación con una frase napolitana que dice: "Te hemos hecho el ataúd -mi auto blindado- sin haber tenido la necesidad de matarte".
Poder, lujo y seducción
Cuando Roberto Saviano describe la mafia señala un dato que, a su juicio, no debe ser menospreciado: la fuerte fascinación que ésta tiene entre los jóvenes de los pueblos y ciudades donde estas organizaciones criminales ejercen su poder. De hecho, cuenta, los chicos de 16 años ingresan a la mafia no tanto porque ello les significa dinero, sino más bien porque hacerlo es "figo" (cool) y así pueden "levantar" chicas. "Si uno es camorrista, uno es cool, como Ricky Martin, o Johnny Deep, o mejor, porque Johnny Deep no dispara", explicó el periodista.
Si Saviano logró evitar caer en las redes de la camorra fue porque venía de una familia burguesa, con una madre del norte de Italia que lo mantuvo completamente alejado del tema. "Yo en el libro no quise negar la fascinación, porque no sería creíble negarla, sino que la quise desarmar. Es como cuando uno va al colegio y dice que los boss son ‘sfigati' (poco cool): nadie te va a escuchar más, porque no es así. Pero sí se puede desarmar el mito, contando por ejemplo que los boss, hiperbuscados, pese a que son millonarios hacen una vida infernal, y salen de sus búnkers una vez cada seis meses."
Desde este punto de vista, los capos mafiosos gozan poco y nada de sus mansiones levantadas al estilo Hollywood, en las que a veces salen fotografiados -como sucedió años atrás con Diego Armando Maradona, en una lujosa y kitsch bañera con forma de concha-, en operaciones publicitarias de fuerte impacto público. "Esas son escenas que sirven para publicitar su poder", explica Saviano.
Otra característica fundamental de la vida mafiosa es la educación sexual del joven mafioso, primer pasaje para convertirse en criminal. Su presupuesto básico, observa Saviano, es el de desarrollar una mentalidad ganadora: "Hay dos cosas que te enseñan de chico: nunca estar debajo de la mujer físicamente, porque es el primer paso para ser homosexual, y nunca hacer sexo oral a una mujer. De hecho, todos los chicos de mis pagos tienen una especie de manía con esto. Uno crece con esta obsesión, con esta manía. El sentido de la posesión que hay en estos lugares es increíble. Por ejemplo, en los procesos vi a mujeres a las que no les dejan teñirse el pelo, por lo cual pensé en un primer momento que eran las madres de algunos capos, pero en verdad eran las esposas; no las dejan ir al gimnasio, no las dejan que se cuiden el físico. El cuidado del cuerpo es visto como un elemento de seducción con el que la esposa no debe contar, aunque sí la amante".

Roberto Saviano, estrella del año para Rolling Stone
Paolo Fava
Papel en Blanco
Roberto Saviano, el autor de la dramatización novelesca sobre la Camorra napolitana Gomorra y actualmente bajo máxima seguridad tras desarticularse un plan para asesinarlo, ha sido elegido la estrella de 2008 por la edición italiana de Rolling Stone. Gomorra ha sido un éxito rotundo en Italia tanto en su versión literaria como cinematográfica y ha puesto al país cara a cara con sus vergüenzas, obligándole a afrontar socialmente por primera vez el crimen organizado. Además su condicion de amenazado le ha valido a Saviano el apoyo de personalidades como Salman Rushdie, Umberto Eco o Ian McEwan.
Rolling Stone justifica así su decisión:
Su Gomorra es indiscutiblemente el texto italiano más leído en el mundo de los últimos años. Las detenciones de los protagonistas del libro, las amenazas de muerte y el increíble deceso de la pobre Miriam Makeba después de un concierto en su honor han creado en torno a Saviano un cortocircuito entre realidad y ficción hasta hoy inédito y vertiginoso. Es un estrella y las fans se pelean por conseguir su autógrafo como si fuera Barack Obama.
El propio Saviano reflexiona en la revista sobre cómo ha cambiado su vida y todo lo que ha perdido con ello. Aunque muchos miles de jóvenes lean en las calles espontáneamente mis palabras, mi vida se ha convertido en un infierno. Para mí, escribir el libro puede haber sido un error… pero ha comenzado algo en el país que no se detendrá.
El fenómeno Gomorra es un revolución cívica y cultural, pero también tiene su vertiente pop que es la que la ha hecho posible. Como muestra un botón: la propia Camorra que quería a Saviano muerto está ahora distribuyendo copias pirata de su película, eliminando los subtítulos (está rodada en un dialecto napolitano que el resto de italianos no comprenden) y retocándo los pasajes que les interesan. Como no pueden eliminarlo, lo contraprograman.
Por su coraje discreto y por haber contribuido decisivamente a cambiar las cosas, bien se merece Saviano un rincón entre los grandes mitos. Seguro que Mick, Bob y Paul le reciben con los brazos abiertos.

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